DON FABIO
Elegante y contundente en el cruce, como el Nautilius del Capitán Nemo en una huída hacia ninguna parte. Brillante por arriba a pesar de su estatura, como aquel sucio gusano llamado Rodman. Líder, general y comandante, de aquellos en blanco y negro que nos hacían soñar a la lumbre de una triste hoguera, de chiquitos, cuando escuchábamos inocentes las historias de nuestro abuelo.
Así es Fabio, o así lo era, por lo menos, cuando deslumbró al mundo en su camino hacia la Jules Rimet. Entonces, no hace demasiado, Cannavaro representaba algo más que el bello. Consagrado por sabios y profanos como el mejor central del mundo, Fabio, brazalete en mano, cogió los designios de la pobre Italia para guiarla en su camino hacia el título. Se midió a los mejores y venció. Al final del cuento, que nadie lo olvide, se subió a lo más alto del cajón y alzó sus brazos al cielo enseñando al mundo su victoria.
Otros se quedaron por el camino y se disfrazaron de nada para acabar convirtiéndose en la misma nada. Y entre estos destacó Ronaldinho, que por olvidar olvidó hasta su dentuda sonrisa en el viaje hacia Alemania. Salió de Barcelona con una maleta cargada de ilusiones… y en El Prat se la perdieron. Pero esta es otra historia no menos interesante que la de Cannavaro.
A todos aquellos que hablan de la injusticia de un FIFA World Player y de un Balón de Oro bastan unas preguntas: ¿cómo es posible que siendo tan malo fiche por el Real Madrid con 33 años? ¿Cómo es posible que haya sido siempre titular indiscutible en todos sus equipos y con cualquier entrenador? ¿Cómo es posible que haya defendido a la azurra en casi un centenar de ocasiones a pesar de la ingente cantidad de buenos centrales que, se supone, salen del país trasalpino? ¿Cómo es posible, en fin, pretender querer que todos los que saben no sepan, y los que no saben sepan?
A la ingente cantidad de gurús del nuevo fútbol, sólo una petición: respeto. A los grandes jugadores sólo se les hecha de menos cuando mueren. Ser central en el Real Madrid es una labor ingrata, mucho más, sin duda, que ser delantero en el Barcelona. ¿O ya no se acuerdan de Samuel Eto´o, que apenas alcanzaba la quincena de goles en Mallorca y se hincha a marcar tantos en la Ciudad Condal?
A Fabio, por suerte, siempre le quedará la historia. Aquella que se encargará de demostrar que los que vengan después son infinitamente peores que él. Ya le pasó a Fernando Hierro en el mismo club. Estaba tan acabado que desde su marcha el Real Madrid aún busca central. Y sólo esta temporada parece que los números de la defensa madridista mejoran. Paradójico. Así que mientras que el tiempo y la memoria ponen a cada uno en su lugar, un simple consejo: disfruten de Fabio Cannavaro. Defender es tan noble como atacar.



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