EL GORDO

19Dec06

Un sinfín de tópicos anidan en la figura de Ronaldo. Kilos, motivación, fiesta, mujeres, falta de profesionalidad y de actitud… Todas estas palabras hormiguean alrededor de su persona. Él, lejos de enfadarse, demuestra en cada envite que es mentira. Le basta un gesto, un pequeño desmarque, para hacer fácil lo difícil. Diagonal, control en carrera y golpeo limpio, sutil, con el sosiego del que se sabe superior. Dos toques, un segundo, un gol. La esencia del fútbol perdida ya en estúpidos debates.  
El tiempo mató aquella bestia inalcanzable que franqueaba defensas con la facilidad con la  que el viento se lleva las hojas en otoño. Un conjunto de musculosa armonía en movimiento. El destino, siempre caprichoso, quiso borrar aquel recuerdo. Dos años sin jugar, dos rodillas destrozadas. Entonces, sus goles azul y grana comenzaron a pintarse en blanco y negro. Ya nadie recordaba aquel fenómeno.
Por suerte, casi sin pedirlo, el azar le ofreció un último deseó. Y Ronaldo viajó hasta Corea. Un mes después los niños triperos de las fabelas gastaban sus ahorros en el peluquero. Pedían lo mismo: raparse conservando al frente una especie de flequillo. Un punto en mitad de la nada, una isla en el Pacífico. Una horterada convertida en religión por aquel gordo. Pichichi del mundial en baja forma. Ocho goles pasado de kilos y de tiempo, desterrado del fútbol por expertos y analistas. ¿Quién da más?
Nadie. Sólo él. Ronaldo ha sabido reinventarse a sí mismo: una nueva versión del extraterrestre. El único futbolista capaz de enmudecer Delle Alpi estando cojo. Él único futbolista capaz de cambiar el signo de la monotonía. El único futbolista capaz de golear fuera de forma. El único futbolista capaz de sintetizar los inescrutables caminos que conducen al gol.
Después de más de una década en la élite los sabios, los entendidos, aquellos que afirman saber de este deporte, lo siguen criticando.  Él los ignora, consciente de que, en un despiste de la zaga rival, volverá a blandir, sonriente, el dedo índice. A fin de cuentas, las redes conocen mejor que nadie al delantero por excelencia. 


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